Montsegur

El Tesoro Cátaro

Los Registros

Según consta en los registros de la inquisición de la época, al menos tres defensores, perfectos cátaros, del último bastión cátaro situado en Montségur, mientras este era sitiado y viendo cerca el final, se descolgaron durante la noche, por la única zona no sitiada, la vertical cara norte del Monte Pog, para esconder y poner a salvo el que fuera el más preciado tesoro de los herejes. Una vez terminada su misión, encendieron una luminaria como señal acordada con sus hermanos que aún resistían en el castillo, de que habían cumplido con éxito el encargo y el tesoro estaba ya a escondido a buen recaudo, en ese momento los cátaros resistentes, se arrojaron a los fuegos encendidos por las tropas que les acechaban. Comenzando de esta forma tan dramática con una leyenda que perdura hasta nuestros días. Dicho tesoro, su naturaleza, y localización se ha convertido así en uno de los enigmas cátaros más perseguido.

El Tesoro

Pero, ¿que escondían los cátaros, conocidos por su voto de pobreza, en su fortaleza de Montségur que requisiera tamaño sacrificio?. La opinión más aceptada entre los expertos es que no podía tratarse de sus riquezas materiales de las que se sirvieron para pagar complicidades y tropas mercenarias que les permitirían proseguir su resistencia, que ya habían sido gastadas o incautadas tiempo atrás. El hecho de que esperasen hasta el último momento para ponerlo a salvo hace pensar a los especialistas que más bien se tratara de un objeto sagrado al que concedían una importancia excepcional

Algunos han supuesto que el tesoro consistía en pergaminos originales del Evangelio de San Juan, otros sin embargo (incluyendo los Nazis que lo buscaron con insistencia en las cuevas de la zona) creen que podría tratarse del objeto sagrado por excelencia, el Santo Grial, reconstruyendo el viaje seguido por el Cáliz.

El misterio

Santo GrialSegún esta teoría, El Santo Grial llegó de Asia, y habría sido venerado por los maniqueos y llevada después por los reyes godos desde Roma hasta la región de Occitania en Francia y después hasta Aragón, donde en el año 713 el obispo de Huesca lo ubicó en San Juan de la Peña y donde permanecería durante más de 4 siglos hasta que en 1134, ante la amenaza de los almorávides se volvió a trasladar al Languedoc, donde los cátaros la habrían conservado en Montségur, para ocultarla en cuevas próximas. Algunas teorías aseguran que posteriormente fue llevada de nuevo a Huesca.

Se sabe que el papa Benedicto XII, quien antes había interrogado a muchos cátaros mientras ejercía como inquisidor, pidió al rey de Aragón para lo trasladase a Valencia.

Pero sin embargo, al parecer el rey de Aragón solo envió allí una copia, perdiéndose así la pista de la copa.

 

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