Stonhenge

Los Druidas

Su importancia en el mundo celta

DruidsEn el mundo celta las funciones religiosas estaban separadas de la vida política; sin embargo, los druidas fueron los difusores de las ideas religiosas y filosóficas, lo que influyó en su preponderancia política. Á pesar de ser un pensamiento filosófico mal conocido, la transmisión de sus enseñanzas se realizó de forma oral, ya que no dejaron ningún testimonio escrito con sus ideas. El Druismo no se confundió con la religión, pero a cargo de los druidas estaban ciertas funciones religiosas, como la recogida de muérdago (símbolo del antiguo culto de las plantas) y los sacrificios humanos.

Sus funciones, además de las estrictamente religiosas, estaban delimitadas por el mundo de la brujería, la astrología o la medicina, a lo que debieron su gran influencia. Además estaban exentos de ir a la guerra y actuaban como jueces. Había varias categorías: los druidas propiamente dichos, los adivinos y sacrificadores, y los bardos o poetas.

Su religión era fundamentalmente idealista, con las prohibiciones de representar figurativamente las imágenes de los dioses, o la construcción de templos. Sus miembros eran elegidos, sobre todo entre la nobleza, y obedecían a un gran sacerdote nombrado de por vida.

Diplomáticos, Teólogos y científicos

A pesar de lo imagen belicosa y guerrera, transmitida sobre todo por los romanos, del pueblo celta, su vida entera estuvo orientada hacia el mundo espiritual, hacia una dimensión mitológica de la existencia. Así, todo a su alrededor  tenía un matiz mágico o un origen mitológico: desde sus propios orígenes como raza, hasta los árboles o los animales, las guerras con los enemigos y su calendario de fiestas. Los dioses u otras entidades mágicas se podían manifestar en cualquier momento o lugar. El druidismo canalizó esta metafísica de la existencia como puente hacia el otro mundo, de tal manera que los sacerdotes druidas se convirtieron en la columna vertebral de la sociedad celta, encabezada por el rey.

Los Druidas se dedicaron al estudio astronómico, probablemente con una finalidad adivinatoria y muy pronto pudieron crear un calendario basado en el doble recorrido del sol y de la luna. Tal realización fue el resultado de una constante observación de los astros durante siglos, una práctica que los familiarizó primero con el cálculo, luego con la geometría y, por último, con las ciencias en general.

Todos estos conocimientos hicieron que, en un mundo dominado por unas élites aristocráticas ocupadas en hacer la guerra, se considerara a los druidas como grandes sabios que debían ser respetados y escuchados. Fue así como, a partir del siglo V a.C., los druidas alcanzaron una posición preeminente en los asentamientos galos, tanto, que los reyes no podían tomar decisiones sin su consentimiento.

Según los relatos de Posidonio, los druidas profesaban una forma de panteísmo: identificaban la divinidad con el cosmos entero y los hombres participaban en el ciclo perpetuo de la naturaleza. Sólo importaba la pureza del alma. Todo lo demás, la vida terrenal y sus muestras materiales, carecía de valor alguno. Por ello, los galos nunca dejaron monumentos u obras de arte que testimoniasen su ingenio.

Los druidas pusieron su talento al servicio del conocimiento en ámbitos muy variados. Posidonio nos revela que se dedicaban principalmente a la «fisiología», es decir a las ciencias naturales, la física, la química, la geología, la botánica y la zoología. Como los griegos, los druidas especulaban sobre la composición de la materia y trataban de aislar sus principales componentes: el aire, el agua y el fuego. Imaginaron un fin del mundo que se produciría por la separación de estos tres elementos y acabaría con el dominio absoluto del fuego y del agua. Sin embargo, este fin del mundo se inscribía en un ciclo perpetuo de renacimiento y destrucción. Según Plinio el Viejo, los druidas clasificaron las especies vegetales y animales y estudiaron los usos que el hombre podía darles. En cuanto a la farmacopea, cabe destacar que los galos atribuyeron al muérdago numerosas propiedades, y las investigaciones actuales han demostrado que esta planta posee grandes poderes terapéuticos, sobre todo en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer.

Su declive y desaparición

El extraordinario prestigio que rodeó a los druidas no duró eternamente. Su misma implicación en los asuntos políticos, diplomáticos y judiciales les hizo perder su carisma espiritual ante sus compatriotas. Pero lo que les afectó más profundamente fue la creciente influencia de la cultura romana. La invasión de productos de lujo a través de los comerciantes romanos cambió los hábitos de la aristocracia indígena y fue erosionando las creencias tradicionales de los galos, incluida la fe en el poder de los druidas. Es característico el caso del eduo Diviciaco, único druida cuyo nombre conocemos. Como primer magistrado de su ciudad colaboró activamente en la conquista romana y se hizo amigo de César, pero puso el mayor empeño en ocultarle su oficio; al contrario que sus lejanos predecesores, probablemente no se enorgullecía de él, pese a que su educación druídica le había permitido convertirse en un experto de la adivinación a través de los números.

La presencia de los druidas se mantuvo durante varios siglos en el mundo celta. El primer lugar donde desaparecieron fue la Galia, ya que Con la conquista romana, los adversarios de César fueron eliminados y gran parte de la nobleza asimiló los valores de Roma. ; sin embargo, en Bretaña y en Eire, no se acabó con la figura del druida hasta la implantación del cristianismo, manteniéndose los bardos hasta la Alta Edad Media.

Los últimos druidas auténticos acabaron desapareciendo. Los que reivindicaron ese título algunas décadas o siglos después no eran ya sino adivinos o brujos de poca monta. Ninguno había recibido la estricta educación oral que había sido el secreto de los druidas: veinte años de estudios en los que los aspirantes a druida adquirían el inmenso conocimiento de sus mayores.

 

Bibliografía:

Diccionario de Mitología,Dioses, héroes, mitos y leyendas (Ed. LIBSA)

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/los-druidas_7918

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